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jueves, 28 de abril de 2011

HUMANISMO UNIVERSALISTA




Tema de Estudio Nº 4

Una cosa es la comprensión del fenómeno humano en general, y otra muy diferente es el propio registro de la humanidad en otros.
Primera cuestión: La compresión del fenómeno humano en general
Si se dice que lo característico de lo humano es la sociabilidad o el lenguaje, o la transmisión de experiencia, no se define cabalmente lo humano, por cuanto en el mundo animal (aunque desarrollado elementalmente), encontramos todas esas expresiones. Observamos reconocimientos químicos de organismos de la colmena, el cardumen o la manada, y atracciones o rechazos consecuentes. Existen organizaciones huéspedes, parásitas y simbióticas en las que reconocemos formas elementales de lo que luego veremos peraltado en algunas agrupaciones humanas...También encontramos una suerte de “moral” animal y resultados sociales punitivos para los transgresores, aún cuando desde afuera de esas conductas, se las pueda interpretar por los instintos de conservación de la especie, o por una imbricación de reflejos condicionados e incondicionados. El rudimento técnico tampoco es ajeno al mundo animal, y tampoco sentimientos de afecto, odio, pena y solidaridad entre miembros de un grupo, o entre grupos, o entre especies.
Existen organizaciones huéspedes, parásitas y simbióticas en las que reconocemos formas elementales de lo que luego veremos peraltadas en las agrupaciones humanas...
Y bien, ¿qué define a lo humano en cuanto tal? Lo define la reflexión de lo histórico-social como memoria personal. Todo animal es siempre el primer animal, pero cada ser humano es un medio histórico y social y es, además, la reflexión y el aporte a la transformación o inercia de ese medio.
El medio para el animal es medio natural.
El medio para el ser humano es medio histórico y social, es transformación del mismo y, por cierto, es adaptación de lo natural a las necesidades inmediatas y a las de más largo plazo.
Esta respuesta diferida del ser humano frente a los estímulos inmediatos, este sentido y dirección de su obrar respecto de un futuro calculado (o imaginario), nos presenta una característica nueva frente al sistema de ideación, de comportamiento y de vida de los exponentes animales. La ampliación del horizonte temporal de la conciencia humana permite a ésta retardos frente a los estímulos y ubicación de éstos en un espacio mental complejo, habilitante para el emplazamiento de deliberaciones, comparaciones y resultados fuera del campo perceptual inmediato.
En otras palabras: en el ser humano no existe “naturaleza” humana, a menos que esta “naturaleza” sea considerada como una capacidad diferente a la animal, de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción. Diré de otro modo: si hay algo “natural” en el ser humano no lo es en sentido mineral, vegetal o animal, sino en el sentido de que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación.
Tal idea de cambio ni se aviene convenientemente con la idea de “naturaleza” y por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo, y con la cual se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar, fueron llamados los “naturales” o aborígenes. Porque las razas presentaron algunas diferencias morfológicas o pigmentarias, fueron asimiladas a diferentes naturalezas dentro de la especie humana, y así siguiendo. Lo establecido de un modo permanente, razas distintas, estaban establecidas dentro de un orden supuestamente natural, que debía conservarse de modo permanente.
Así es que la idea de naturaleza humana sirvió a un orden de producción natural, pero se fracturó en la época de transformación industrial.
Aún hoy quedan vestigios de la ideología zoológica de la naturaleza humana, en la psicología, por ejemplo, en la cual todavía se habla de ciertas facultades naturales como la “voluntad”, por ejemplo, y cosas semejantes.
El derecho natural, el Estado como parte de la naturaleza humana proyectada, etc., no han aportado sino su cuota de inercia histórica y de negación de la transformación.
Si la copresencia de la conciencia humana trabaja gracias a su enorme ampliación temporal, y si la intencionalidad de aquella permite proyectar un sentido, lo característico del ser humano es ser y hacer el sentido del mundo: “Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido, transformador del mundo... tus padres y los padres de tus padres, se continúan en ti. No eres un bólido que cae, sino una brillante saeta que vuela hacia los cielos. Eres el sentido del mundo y cuando aclaras tu sentido, iluminas la Tierra. Te diré cuál es el sentido de tu vida aquí: HUMANIZAR LA TIERRA, ¿Qué es humanizar la Tierra? Es superar el dolor y el sufrimiento, es aprender sin limites, es amar la realidad que construyes...”
Bien, estamos a una gran distancia de la idea de naturaleza humana. Estamos en lo opuesto. Quiero decir, si lo natural había asfixiado lo humano, merced a un orden impuesto con la idea de lo permanente, ahora estamos diciendo lo contrario: que lo natural debe ser humanizado y que esta humanización del mundo hace al hombre creador de sentido, de dirección, de transformación. Si ese sentido es liberador de las condiciones supuestamente “naturales” de dolor y sufrimiento, lo verdaderamente humano es lo que va más allá de lo natural: es tu proyecto, tu futuro, tu hijo, tu brisa, tu amanecer, tu tempestad, tu ira y tu caricia. Es tu temor y temblor por tu futuro, por un nuevo ser humano libre de dolor y sufrimiento.
Segunda cuestión: El propio registro de lo Humano en otros
En tanto registre del otro su presencia “natural”, el otro no pasará de ser una presencia objetal, o particularmente animal. En tanto esté anestesiado para percibir el horizonte temporal del otro, el otro no tendrá sentido más que en cuanto para- mí. La naturaleza del otro será un para- mi. Pero al construir al otro en un para- mi, me constituyo y me alieno en mi propio para- sí. Quiero decir: “Yo soy para- mi” y con esto cierro mi horizonte de transformación. Quien cosifica se cosifica, y con ello cierra su horizonte.
En tanto no experimente al otro fuera del para-mi, mi actividad vital no humanizará al mundo.
El otro debería ser a mi registro interno una cálida sensación de futuro abierto que ni siquiera termina en el sin-sentido cosificador de la muerte. Sentir lo humano del otro es sentir la vida del otro en un hermoso y multicolor arco iris, que más se aleja en la medida en que quiero detener, atrapar, arrebatar su expresión. Tú te alejas y yo me reconforto, si es que contribuí a cortar tus cadenas, a superar tu dolor y sufrimiento. Y si vienes conmigo es porque te constituyes en un acto libre como ser humano, no simplemente porque has nacido “humano”.
Yo siento en ti la libertad y la posibilidad de constituirte en ser humano. Y mis actos tienen en ti mi blanco de libertad.
Entonces, ni aun tu muerte detiene las acciones que pusiste en marcha, porque eres esencialmente tiempo y libertad.
Amo, pues, del ser humano, su humanización creciente. Y en momentos de crisis, de cosificación, en momentos de deshumanización, amo su posibilidad de rehabilitación futura.
Bibliografía
Silo, Obras Completas, volumen I, “Habla Silo: opiniones, comentarios y participación en actos públicos”.

lunes, 13 de septiembre de 2010

SOLIDARIDAD DE HUMANISTAS DE REPUBLICA DOMINICANA CON MAPUCHES EN HUELGA DE HAMBRE EN CHILE

TEXTO DE LA COMUNICACION ENVIADA 13 de septiembre 2010 VIA FAX(809-530-8310)
Honorable Señor
Manuel Enrique Hinojosa Muñoz
Embajador de Chile ante la República Dominicana
Presente
Estimado Sr. Embajador
El Movimiento Humanista de Republica Dominicana y organizaciones solidarias, expresamos al Gobierno de Chile a través de su persona, nuestro total repudio y condena a los múltiples atropellos que el Estado de Chile ha realizado en contra de la Nación Mapuche
Estos atropellos y abusos en contra de los mapuche no sólo afectan a Chile sino que a toda la comunidad internacional y, por tal razón, es inentendible que sucesivos gobiernos no hayan tomado en cuenta las numerosas recomendaciones realizadas por distintos personeros y observadores de Naciones Unidas.
En el año 2003 el relator especial de Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen, señaló en su informe que “La aplicación de leyes antiterroristas por parte del Estado chileno en contra de algunos dirigentes de la etnia mapuche, vulnera sus derechos humanos, culturales y económicos”.

En el año 2007, el Comité de Derechos del Niño de la ONU constataba la existencia de situaciones de brutalidad policial de la que eran víctimas niños indígenas, instando al Estado chileno a poner término a esta situación a través de acciones tanto preventivas como correctivas.
Posteriormente, el año 2009, Gary Stahl, representante de Unicef en Chile, hizo un llamado "a parar la violencia que involucra a niños mapuche”.

Más recientemente, el nuevo relator de Naciones Unidas, James Anaya, entre muchas otras recomendaciones, señala que distintas leyes chilenas “favorecen la apropiación, por empresas privadas, de agua, recursos minerales y fuentes geotérmicas, con efectos negativos sobre el uso o valor de las tierras tradicionales de grupos indígenas aymara, quechua, atacameño o lickanantay, mapuche, colla y diaguita”.

No obstante todas estas recomendaciones de organismos internacionales, vemos que aún la Araucanía sigue militarizada; que las legítimas movilizaciones mapuche son judicializadas a través de la Ley Antiterrorista, ley promulgada por una dictadura que no sólo avergüenza a su país sino al mundo entero; que los presos políticos mapuche no están sometidos a un debido proceso sino que se utilizan testigos sin rostros o que muchos de ellos son sometidos doblemente a la justicia civil y militar; y que los niños mapuche siguen siendo violentados por las fuerzas policiales del Estado chileno. Vemos, además, cómo la sombra de la tortura aparece nuevamente en las cárceles chilenas, tiñendo de vergüenza a las autoridades responsables.

Por todo lo anterior, es que exigimos la inmediata liberación de todos los presos políticos mapuche y asumir con urgencia todas las múltiples recomendaciones que organismos internacionales han realizado al Estado chileno.
Actualmente hay 34 presos políticos mapuche en huelga de hambre, incluyendo a niños y jóvenes, su vida peligra y está en las manos de su gobierno chileno evitar su muerte.
Por la Vida y por la Paz, No más prisión política, montajes policiales ni tortura a los mapuche en Chile.

Esperando que informe de inmediato a su gobierno de esta demanda y de la movilización desobediente y no violenta a lo largo del mundo, se despiden atentamente de Ud.,

Movimiento Humanista, Republica Dominicana.
Trinidad Romero Villa Mella; Santo Domingo
Blanco Peña Cotuí; Prov. Sánchez Ramírez
María José Frías Jarabacoa, Prov. de la Vega.
Antonio De Moya Santo Domingo – Guachupita
Víctor Medina Santo Domingo – San Jose de Ocoa


SOBRE LA NACION MAPUCHE

Los mapuches (mapudungun: mapuche, 'gente de la tierra’)? son un pueblo indígena sudamericano que habita el centro-sur de Chile y el suroeste de Argentina, así como la ciudad de Santiago de Chile. A la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, habitaban entre el valle del Aconcagua y el archipiélago de Chiloé, en el actual territorio chileno, y las parcialidades septentrionales (llamados "picunches" por los historiadores) se hallaba bajo el dominio del imperio inca, pero quienes vivían en el territorio al sur del río Biobío eran independientes y se opusieron a los españoles en la llamada Guerra de Arauco. Entre los siglos XVII y XIX, los mapuches se expandieron al este de los Andes, hasta entonces habitado por los tehuelches y otros grupos de cazadores nómadas. La autonomía mapuche se mantuvo hasta fines del siglo XIX, cuando fueron sometidos al gobierno de las repúblicas de Chile y Argentina por la vía armada. En los siglos XX y XXI han vivido un proceso de asimilación a las sociedades dominantes en ambos países y existen manifestaciones de resistencia cultural y conflictos por el reconocimiento de derechos y la recuperación de autonomía.

La economía de horticultura y caza del siglo XVI dio paso a una economía agrícola y ganadera en los siglos XVIII y XIX, para convertirse luego en campesinos luego de la radicación forzosa en terrenos asignados por los gobiernos de Chile y Argentina, que con el paso del tiempo han conducido a una gran subdivisión de la propiedad y la migración hacia las ciudades de las generaciones más jóvenes, de modo que la población mapuche actual es mayoritariamente urbana, aunque vinculada a sus comunidades de origen. Los mapuches enfrentan discriminación racial y social en sus relaciones con el resto de la sociedad y según estadísticas censales, un número significativo de ellos vive en la pobreza.

Se les conoce también como araucanos, y que predomina en la historiografía, para el período que abarca desde los primeros contactos con los españoles hasta el siglo XIX